¿El fin de la corporación?

Es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los accionistas.

Marjorie Kelly

ESTADO DEL PODER 2020

Imagina que a tu ciudad la atraviesan trenes gigantes que viajan a una velocidad increíble porque los propietarios de los trenes pagan a sus conductores en función de la velocidad. La ciudad establece límites de velocidad, instala luces intermitentes, envía a la policía para mantener a los peatones fuera de las vías. Inevitablemente, los trenes siguen atropellando personas y automóviles, causando lesiones y muertes. ¿Cómo responde el ayuntamiento? Reparando cruces y vallas.

Así es como la sociedad intenta ahora regular el comportamiento de las corporaciones. Aprobamos regulaciones para las grandes corporaciones manteniendo intacto su objetivo de maximización de beneficios. Cuando las corporaciones evaden las regulaciones muy intrincadas (recuerda que los megabancos casi hacen colapsar toda la economía mundial en 2008), nuestra respuesta es reparar las barreras regulatorias.  

Es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por accionistas. En el momento peligroso que enfrentamos, con las crisis de la emergencia climática y la desigualdad desbocadas, ha llegado el momento de que las corporaciones dejen de actuar como si su principal deber fuera servir a los accionistas financieros. 

Incluso los presidentes de las mayores empresas de los Estados Unidos aceptaron este hecho, al menos retóricamente, en una declaración de la Mesa Redonda de Negocios en agosto de 2019. El grupo indicó que era consciente de la necesidad de cambiar su propósito corporativo para servir a un conjunto más amplio interesados. Del mismo modo, durante la reunión de la élite financiera en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos en enero de 2019, un tema clave fue la pérdida de fe en el actual statu quo de la economía. Axios lo llamó "un ajuste de cuentas para el capitalismo”.

Lo que debe cambiar es la propiedad y el diseño estructural de la corporación.

Sin embargo, en estas conversaciones falta la verdad más amenazante, que lo que debe cambiar es la propiedad. Mientras las fuerzas estructurales de la propiedad corporativa actual permanezcan como hasta ahora, donde solo los accionistas votan al consejo ejecutivo y son predominantemente ricos, donde las empresas definen el éxito como un aumento en el precio de las acciones y remunera a los ejecutivos generosamente por lograrlo, no hay suficiente retórica o regulación externa que pueda alejar a las empresas de su objetivo actual: crear más riqueza para los ricos, a la mayor velocidad posible.

Lo que debe cambiar es el diseño estructural y la propiedad de la propia corporación. Necesitamos prever y crear un concepto completamente nuevo de la compañía, una empresa justa, diseñada de adentro hacia afuera con un nuevo mandato: servir al bienestar general y al bien público. La empresa justa es el único tipo que, en última instancia, debería permitirse que exista. Se acerca el momento en que la sociedad debe terminar con la corporación tal como la conocemos.

Esta tarea puede parecer hoy inimaginable. Tan solo las diez principales corporaciones de los Estados Unidos, entre ellas Apple, Exxon Mobil, General Motors y Walmart, tienen ingresos de más de 2,18 billones de dólares y dan empleo a 3,6 millones de personas. En comparación, los ingresos totales del Gobierno de Estados Unidos en 2015 fueron de sólo 3,1 billones de dólares y el empleo total (con exclusión de los militares) de 2,7 millones de personas.

En otras palabras, la suma de 10 corporaciones constituye dos tercios del tamaño del gobierno más poderoso del mundo. A nivel mundial, en 2011 el Instituto Federal de Tecnología de Zúrich descubrió que sólo 1.318 corporaciones de gran tamaño controlan el 80% de los ingresos comerciales.

El mismo estudio de Zúrich mostró que 147 corporaciones controlan el 40% de la riqueza total de la red. Fuente: Vitali et al. (2011)

Estas corporaciones son, a su vez, propiedad de unos pocos: el 10% más rico de Estados Unidos posee el 84% de las acciones de empresas que cotizan en la bolsa. La propiedad concentrada de activos en la élite mantiene a las corporaciones en su órbita actual, bloqueando el sistema más amplio en las prácticas extractivas que conducen a una mayor desigualdad y destrucción ecológica.

Luces apagadas, luces encendidas

Por el contrario, las formas democráticas y justas de propiedad de la empresa tienen, por su naturaleza, más probabilidades de proporcionar amplios beneficios públicos. Por ejemplo, la reciente debacle con Pacific Gas & Electric en California (PG&E), la compañía propiedad de inversionistas cuyo equipamiento mal gestionado y obsoleto provocó incendios forestales de 2017 y 2018, incluido el catastrófico incendio de Camp Fire que mató a 85 personas y destruyó la localidad de Paradise.

En la temporada de incendios de 2019, PG&E respondió mediante el corte de la energía durante semanas en las áreas propensas a incendios, dejando a millones literalmente en la oscuridad.

Imagen satelital del incendio. Fuente: NASA (Joshua Stevens) [Dominio público]

Sin embargo, las luces permanecieron encendidas en las regiones atendidas por el Distrito Municipal de Servicios Públicos de Sacramento, de propiedad comunitaria, conocido popularmente como SMUD. Es ampliamente reconocido que esta compañía –mayoritariamente de propiedad pública, cuya misión es servir a sus clientes y no obtener el máximo beneficio de ellos– ofrece un servicio más barato y fiable que su homóloga privada. De hecho, en los últimos años, varias jurisdicciones vecinas atendidas por PG&E han intentado unirse a SMUD (pero PG&E lo ha impedido con frecuencia)

Algunos observadores dicen que es injusto comparar a SMUD y PG&E porque esta última da servicio a áreas más propensas a incendios. Sin embargo, SMUD también provee a algunas regiones propensas a incendios, donde ha invertido en torres de transmisión diseñadas para soportar vientos fuertes, y estas áreas no han experimentado problemas. Además, según el periódico digital Sacramento Bee, muchas empresas de servicios públicos más pequeñas y de propiedad cooperativa que prestan servicios en áreas con alto riesgo de incendio mantuvieron un servicio fiable incluso cuando las zonas de PG&E se quedaron a oscuras.

La diferencia es el diseño de propiedad. La propiedad y el control financieros está detrás de las prácticas negligentes de PG&E. PG&E pasó una década sin inspeccionar el tendido eléctrico de cerca de 100 años que atraviesa un área muy boscosa. Este tendido se rompió y provocó el incendio de Camp Fire.

La diferencia es el diseño de propiedad. PG&E se centró en maximizar el precio de las acciones y SMUD tiene la misión principal de servir a sus clientes

¿Por qué una empresa tan grande, con ingresos de 17.000 millones de dólares en 2018, descuidaría el mantenimiento básico del tendido eléctrico? Porque estaba enfocada en otra cosa. Perseguía su objetivo principal: maximizar el precio de las acciones. En lugar de invertir para mantener a las comunidades seguras, PG&E sirvió a los accionistas gastando miles de millones para recomprar sus propias acciones durante una década a fin de inflar artificialmente su precio. El precio de la acción finalmente se desplomó, cayendo en picado entre 2017 y 2019 de 70 dólares a menos de 10 dólares por acción. Al parecer, esos miles de millones que PG&E gastó se desvanecieron.

La conexión entre la titularidad de la propiedad y el comportamiento de la empresa a menudo es desconocida por el público, pero no por los activistas y políticos progresistas del norte de California. La ciudad de San Francisco, el gobernador de California Gavin Newsom y una coalición de funcionarios de ciudades y condados han estado luchando para tomar el control de PG&E, ya que la empresa está en quiebra.

El gobernador ha amenazado con una adquisición pública, mientras que 110 funcionarios de ciudades y condados propusieron conjuntamente convertir a la empresa en una cooperativa de propiedad de los usuarios. En representación de ese grupo, el alcalde de San José, Sam Liccardo, señaló que el marco del grupo haría de "PG&E una empresa viable de propiedad del cliente que será transparente, responsable y equitativa”.

Su objetivo, en resumen, es crear una empresa justa.

Un nuevo paradigma

Para que nuestra civilización pueda vivir de manera segura dentro de los límites planetarios, con una economía que nos permita florecer, se necesitarán procesos de toma de decisiones económicas más democráticos. En el epicentro de este cambio hay nuevos tipos de propiedad empresarial.

La propiedad es la condición original del sistema en una economía. Toda economía se define por su forma dominante de propiedad: en la era agraria, la propiedad de la tierra era de la monarquía y la aristocracia terrateniente; en la era industrial, la propiedad de ferrocarriles y fábricas era de los capitalistas sin escrúpulos; en el comunismo, era propiedad del Estado; y en la economía financiarizada de hoy, la élite financiera posee la propiedad de los activos.

Si vamos a pasar con éxito de un panorama económico propenso al desastre a uno potencialmente de bienestar para todos y todas, entre los cambios necesarios esenciales estará crear un nuevo paradigma empresarial dominante. Si no cambia la propiedad de las corporaciones –quién las posee y con qué fines– será imposible lograr otras formas de cambio y poco probable que tengan éxito.

Una empresa justa se puede definir de forma sencilla: una empresa donde el bien público es primordial, donde la propiedad ha evolucionado para convertirse en una propiedad amplia y donde las empresas han evolucionado más allá de la norma primitiva de máxima ganancia financiera para unos pocos hacia la incorporación de una nueva norma de servicio para la mayoría.

El diseño de propiedad de la compañía dominante en la actualidad, la empresa controlada por los inversores y maximizadora de ganancias, representa un monocultivo de diseño. Su forma emblemática es la empresa que cotiza en la bolsa. Si bien hay menos de estas firmas icónicas (el número de compañías estadounidenses que cotizan en las bolsas de valores se redujo a la mitad entre 1996 y 2012), el principio de maximización de ganancias tiende a permanecer igual, con grandes empresas privadas como Koch Industries y Cargill o con empresas de capital privado. Ya sean públicas o privadas, las empresas controladas por el capital dominan la economía capitalista.

Bolsa de Tokio. Las empresas que cotizan en bolsa dominan la economía mundial. Fuente: Dick Thomas Johnson/Flickr/(CC BY 2.0)

El control por parte del capital es lo que aleja a las empresas de la misión vital para la que existen, como sucedió en el desastre de PG&E. El propósito de las economías es satisfacer las necesidades humanas. Cuando las empresas existen únicamente para generar ganancias para el capital, la sociedad está en peligro. Como observó John Maynard Keynes: “Los especuladores pueden no hacer daño como burbujas en un flujo constante de empresas. Pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en una burbuja en un remolino de especulación”. Toda la sociedad puede convertirse, en términos de Keynes, en "un subproducto de las actividades de un casino". Aquí es donde nos encontramos hoy, en una economía del 1%, por el 1%, para el 1%.

Una economía de, por y para las personas requiere un nuevo arquetipo de empresa. A diferencia del monocultivo de la empresa controlada por el capital, se puede vislumbrar un nuevo modelo en una rica diversidad de diseños que incluyen cooperativas, empresas propiedad de los empleados, bancos comunitarios, cooperativas de crédito, empresas sociales, bancos estatales, empresas públicas y comunidades, entre otros. En ellos, la propiedad y el control no están en manos de la economía de casino, sino de las personas, con un interés natural en comunidades y ecosistemas saludables.

Dichas empresas son precursoras de un modelo arquetípico emergente, que puede convertirse en nuestra guía hasta que llegue el día en que podamos enfrentar el desafío mayor de rediseñar las grandes corporaciones. Los diversos modelos actuales muestran que la arquitectura de propiedad define el propósito del negocio y determina en gran medida si las empresas operan teniendo en cuenta el bien común.

Como escribí en Owning Our Future, hay un lenguaje sencillo que describe diferentes elementos del diseño de propiedad, con cinco elementos centrales: propósito, membresía, gobernanza interna, capital y redes. Externamente, por encima y alrededor de ello está la relación de la empresa con el gobierno. Internamente, el diseño empresarial potencia el liderazgo ético o el liderazgo de extracción con la intención de acumular una riqueza individual incalculable.

5 elementos del diseño de la propiedad

  1. Propósito
  2. Propiedad
  3. Gobernanza interna
  4. Capital
  5. Redes

La propiedad de capital representa una propiedad en ausencia y un comercio especulativo rápido, orientado a la máxima extracción de riqueza. Las redes de este arquetipo son los mercados de valores y el comercio financiero mundial, desconectados de los impactos a los trabajadores, las comunidades y la biosfera. La postura hacia el gobierno es el intento de dominación a través del cabildeo y escapar de la regulación lo más posible.

La generación emergente de empresas está diseñada para crear las condiciones para que florezca la vida. Presentan la propiedad en manos de empleados, comunidades y líderes cívicos conectados a la economía real de trabajos, hogares y familias. Dichas empresas están dirigidas por una misión social y ecológica, incorporada en la gobernanza interna donde se tienen en cuenta las voces de las partes interesadas.

Estas empresas aún requieren capital, pero como su socio, no como su amo. Las redes éticas respaldan a estas empresas, como las redes mundiales de cooperativas y los inversores de impacto. La mayoría de estas empresas generan ganancias, pero no las maximizan. Buscan equilibrar el beneficio con la misión. En relación con el gobierno, no infringen el derecho de las personas físicas a gobernarse a sí mismas, ni infringen otros derechos humanos universales.

Variantes de un arquetipo emergente

El aspecto de este arquetipo en el mundo real se puede ver en los modelos globales existentes. Vemos un nuevo propósito de las empresas, por ejemplo, en la empresa B, donde las compañías adoptan un compromiso jurídico con el bien público. Existen 2.655 corporaciones B en 60 países, certificadas por el laboratorio B sin fines de lucro. Hay 5.400 entidades similares sin ánimo de lucro que adoptan un propósito público a través de estatutos constitutivos en 34 estados de los Estados Unidos, incluidas empresas como Kickstarter, Patagonia y King Arthur Flour.

Si bien el modelo de empresa B tiene sus defectos –se enfoca en el propósito, pero no en la propiedad o la gobernanza, y también carece de mecanismos de sanción sólidos–, representa un paso importante en el reconocimiento cultural de que es posible administrar empresas exitosas con el beneficio público como principal objetivo.

Algunos critican que las empresas del tipo de Corporación B sean totalmente privadas, en lugar de públicas, pero esta es en general la forma en que surgen los cambios sociales poderosos, como con los estándares orgánicos y los estándares de construcción ecológica LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental), que comenzaron como una innovación del sector privado antes de lograr la aceptación institucional.

Las empresas sociales también incorporan un claro propósito público, por ejemplo las creadas para contratar a los desempleados de larga duración. Tech Dump en Minneapolis, por ejemplo, entrena a ex reclusos en el reciclaje de productos electrónicos. Las empresas sociales, a menudo de propiedad de organizaciones sin fines de lucro, utilizan métodos empresariales para abordar problemas sociales. Social Enterprise Alliance tiene más de 900 miembros en 42 estados de los Estados Unidos. El emprendimiento social se enseña en escuelas de negocios como Oxford, Harvard y Yale.

Tech Dump recicla dispositivos electrónicos y da trabajo a ex reclusos. Fuente: Techdump

La economía social, un concepto relacionado pero más amplio, que incluye a las cooperativas, tiene gran aceptación en Canadá, particularmente en Quebec, una provincia con más de 7.000 empresas cooperativas con ingresos anuales de más de 40.000 millones de dólares.

El poder de la gobernanza interna, combinado con una propiedad de base amplia, funciona en John Lewis Partnership (JLP), que, a pesar de las recientes dificultades financieras relacionadas con las condiciones económicas en el sector minorista, sigue siendo la cadena de grandes almacenes más grande del Reino Unido, con ventas de más de 11.700 millones de libras y una plantilla de 81.500 personas.

Esta empresa es propiedad exclusiva de sus empleados o, como los llama JLP, socios. El propósito declarado de la empresa es servir a la felicidad de sus cooperativistas, quienes ejercen su voz a través de una estructura de gobernanza democrática de consejos, comités y foros elegidos.

Cabe destacar el contraste con las empresas controladas por el capital, donde sólo los accionistas –propietarios del capital– son considerados miembros. Los empleados de las empresas tradicionales no son miembros. Están marginados y desposeídos, no tienen derecho a reclamar los beneficios que contribuyen a crear y carecen de voz en el gobierno, ganando poder sólo a través de la afiliación sindical. Pero en una empresa propiedad de los empleados como JLP, la plantilla no está conceptualmente fuera de la empresa. Ellos son la firma.

La propiedad de empresas por parte de los empleados está avanzando en los Estados Unidos, el Reino Unido y otros lugares. Si creciera sustancialmente, los trabajadores comenzarían a ocupar los círculos dominantes de la economía.

El grupo de firmas alternativas más antiguo y extenso es el sector cooperativo –negocios propiedad de las personas a las que sirven– que incluye cooperativas de crédito propiedad de los depositantes; cooperativas agrícolas como Sunkist, Ocean Spray y Land O ’Lakes; y cooperativas de consumidores como REI. cooperative sector – businesses owned by the people they serve – which includes depositor-owned credit unions; agricultural cooperatives like Sunkist, Ocean Spray, and Land O’ Lakes; and consumer cooperatives like REI.

A nivel mundial, las cooperativas tienen más de 1.000 millones de miembros e ingresos combinados de 3 billones de dólares. La organización cooperativa de trabajadores más grande es la Corporación Mondragón en España, una federación de trabajadores propietarios que incluye 98 cooperativas de propiedad de los trabajadores, 80.000 trabajadores y 12.000 millones de euros de ingresos. Vende productos en todo el mundo y tiene su propio banco, universidad, incubadoras de empresas y agencia de bienestar social.

En la cooperativa Organic Valley, propiedad de los agricultores, una empresa de Wisconsin con ingresos de 1.000 millones de dólares, los propietarios-miembros son sus 1.650 proveedores, los agricultores que producen la leche, el queso y los huevos orgánicos que distribuye la empresa. Organic Valley combina la propiedad en manos de la gente con un propósito vivo: salvar las granjas familiares. Debido a que esta empresa vende solo productos orgánicos, la restauración y protección del ecosistema también está garantizada. A medida que la compañía ayuda a los nuevos miembros agricultores a través del riguroso proceso para convertirse en productores orgánicos, el crecimiento de la empresa se traduce en una mayor restauración de las cuencas y los suelos.

El modelo fundamental de propiedad pública ha comenzado a resurgir a escala mundial como una estrategia viable después de la crisis financiera de 2008. Comenzando en América Latina, se ha producido un movimiento mundial para reclamar la propiedad comunitaria de los sistemas de agua después del desastroso fracaso de muchas empresas de agua propiedad de corporaciones. Este movimiento ha reclamado la propiedad pública del agua en al menos 235 casos en 37 países, beneficiando a 100 millones de personas.

Nuestro futuro como especie depende de nuestra capacidad para restaurar nuestra relación con el agua, la tierra y otros recursos generativos de la naturaleza. La arquitectura de la propiedad es clave.

Igualmente vital para nuestro futuro es quién posee el sistema bancario, un tipo de servicio que proporciona un bien público, por lo tanto, apropiado generalmente para que sea de la titularidad pública.

Los bancos públicos desempeñan un papel importante en China, Alemania, la India y varios países de América Latina. La Unión Europea (UE) tiene más de 200 bancos públicos y semipúblicos, con más de 80 agencias de financiación, que engloban el 20% de todos los activos bancarios. Las 413 cajas de ahorro municipales de propiedad pública de Alemania, Sparkassen, poseen más de 1,1 billones de euros en activos. Como señaló The Economist, estos bancos atravesaron la crisis financiera mundial "apenas sin un rasguño”.

Véase también: El poder de las finanzas públicas para el futuro que deseamos

Estos bancos se mantuvieron al servicio del público, libres de las demandas de los especuladores que llevaron a otros bancos a un mal comportamiento que casi hundió la economía mundial.

Se suman a una fuerza más grande de lo que casi nadie conoce. Nuestra sociedad se encuentra en un punto de ruptura, pero también en un momento de profunda innovación y rediseño. Estos modelos de propiedad alternativa tienen mucho que enseñarnos sobre lo que vendrá después: cómo se pueden aplicar sus lecciones de diseño al gran desafío de la corporación moderna.

De la regulación al diseño institucional

En un momento en que el planeta está al borde del abismo, millones de personas viven en la ansiedad económica y la extrema derecha está creciendo en todas partes, es evidente que las viejas formas de regular el capitalismo ya no son suficientes. Las herramientas del pasado son un punto de partida, pero son inadecuadas para enfrentar los problemas de las corporaciones actuales.

Por ejemplo, las leyes antimonopolio, son una herramienta que potencialmente puede abordar el problema crítico del tamaño de las empresas (aunque en las últimas décadas, las estrategias antimonopolio han sido sorteadas por la captura y el cabildeo corporativo), pero incluso en el mejor de los casos, el antimonopolio no aborda el tema clave del propósito de la corporación.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y las prácticas económicas.

¿Se puede y se debe permitir que las empresas busquen la maximización de los beneficios para los accionistas como su propósito principal? Este es un aspecto amenazante para su actividad que no se resuelve al fraccionarlas o evitar las fusiones y adquisiciones.

Otros enfoques como la regulación del salario mínimo y la imposición de un máximo de horas de trabajo tampoco abordan su propósito central, lo que deja a las corporaciones vía libre para encontrar formas de evitar esas reglas: externalizar empleos, por ejemplo, o convertir puestos de trabajo de tiempo completo en contratos de obras y servicios.

Muchos de los enfoques utilizados hoy en la regulación, incluidos los salarios mínimos, los sindicatos, la regulación de valores a la antigua usanza y las redes de seguridad social, se remontan a la década de 1930. Por supuesto, todavía los necesitamos y deben fortalecerse. Pero en el turbocapitalismo contemporáneo, globalizado y financiero, desplegar sólo estas herramientas es como poner una señal de límite de velocidad frente a un tren que acelera.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y sus prácticas económicas. Si podemos lograr tal transformación, significará que el bienestar económico de la comunidad y los trabajadores ya no dependerá de los caprichos legislativos o presidenciales en un momento determinado, sino que estará respaldado por un cambio duradero en la arquitectura subyacente del poder económico: el diseño de la propiedad y el control.

La ciencia de sistemas nos dice que los sistemas sociales humanos no están estructurados simplemente por reglas y reglamentaciones, sino que se autoorganizan en torno a valores, en torno a lo que nos interesa instintivamente. El valor central del sistema actual se puede sintetizar en el problema del sesgo de capital: una inclinación hacia las finanzas y los acaparadores de riqueza imbuidos de forma invisible en todo el sistema: en los valores, la cultura y las instituciones.

El problema central es la maximización de beneficios a través de la extracción financiera

Los intereses de capital a menudo son promovidos mediante las medidas políticas, como ocurre con los impuestos más bajos sobre las ganancias de capital que sobre los ingresos laborales, o rescates para grandes bancos, pero no para los deudores hipotecarios comunes y corrientes. Sin embargo, el sesgo de capital reside más profundamente en las arquitecturas y normas económicas básicas, en las instituciones y la propiedad del capital. El problema central es la maximización de beneficios a través de la extracción financiera. Esto es lo que la sociedad ha intentado sortear durante mucho tiempo a través de soluciones técnicas regulatorias.

Cambiar este sesgo central significa abordar la pregunta que está en el núcleo de la economía política: la cuestión de la propiedad y el control del capital productivo. Necesitamos pasar a un nuevo tipo de sistema económico eficiente, sostenible desde el punto de vista político y ecológico: una economía política moral y democrática, diseñada para el bienestar de todas las personas.

Un aspecto central de esta evolución es poner fin a la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los inversores.

Un fracaso de la imaginación

La economía contemporánea centrada en el capital está comenzando a resultar insostenible incluso a sí misma. Es un sistema programado para su propia implosión.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió sobre la acumulación de "nubes que amenazan tormenta" de la próxima crisis financiera; el inversionista multimillonario Paul Tudor Jones ha destacado una "burbuja de deuda mundial"; y el administrador de fondos Jim Rogers ha pronosticado un colapso financiero que será el más grande que ha visto en sus 76 años.

La comunidad financiera está hablando de la "burbuja de todo", el aumento insostenible en el valor de las acciones, los bienes raíces y otros activos, y The New York Times pregunta, "¿cómo podría ser el pinchazo?". Después del último colapso, el Wall Street Journal declaró: "el Wall Street que hemos conocido durante décadas ha dejado de existir". ¿Podrá resultar cierto la próxima vez?

Diez años después, lo que es diferente es que los jóvenes se están movilizando de una forma que no se veía desde la década de 1960, y las ideas políticas radicales están sobre la mesa como nunca antes. Es posible que nos estemos acercando a puntos de inflexión en los que se vislumbra un cambio histórico importante.

Es un buen momento para tener en cuenta las dos herramientas clave que poseen los progresistas: legitimidad e imaginación. Una vez que un sistema pierde legitimidad, no importa cuán fuerte parezca, finalmente caerá. Piensa en el apartheid en Sudáfrica. Piensa en Harvey Weinstein y otros hombres poderosos frente al movimiento #MeToo. Piensa en las monarquías que dominaron el mundo durante milenios, antes de la democracia.

El sistema capitalista ya ha perdido una gran legitimidad. Este proceso puede profundizarse, a medida que ayudamos a otros a ver cómo y por qué el sistema está fallando a la gran mayoría. Un paso clave es ayudar a las personas a comprender una verdad expresada por el historiador cultural Edward Said, que la herramienta fundamental del imperio es convertir a los nativos en extraños en su propia tierra. Y añadió: "lo que se pierde es recuperable al principio sólo a través de la imaginación”.

Lo que a menudo mantiene en pie un sistema político-económico agonizante es el fracaso de este tipo de imaginación. Pero los principales pensadores y activistas de hoy están perforando la aparente invencibilidad con propuestas y enfoques audaces.

Por ejemplo, el Gobierno del Reino Unido todavía tiene el control del Royal Bank of Scotland (RBS), que los contribuyentes rescataron en 2008 por un monto de 45.000 millones de libras. La New Economics Foundation (nef) en el Reino Unido ha propuesto que RBS sea de propiedad pública, dividiéndola en una red de 130 bancos locales.

En los Estados Unidos, mi colega de The Democracy Collaborative, Thomas Hanna, ha propuesto de manera similar que en la próxima crisis financiera, los responsables de elaborar políticas consideren convertir a los bancos que quiebran en propiedad pública permanente. Esta es una forma de desfinanciarizar nuestra economía, dividir grandes concentraciones de capital y proporcionar los fondos necesarios para prioridades como la energía verde. Si tales ideas parecen extravagantes en la actualidad, pueden volverse eminentemente prácticas en una crisis.

https://www.youtube.com/watch?v=wnk8uSggExw

Estrategias y modelos

El Nuevo Pacto Verde, que exige una movilización de 10 años para satisfacer el 100% de las necesidades de energía a través de fuentes de energía limpias, renovables y de cero emisiones, es otra vía para impulsar los modelos empresariales de la próxima generación. 

El proyecto Sunset Park Solar en la ciudad de Nueva York es el tipo de iniciativa que un Nuevo Pacto Verde podría financiar en los Estados Unidos. Uprose, una organización de latinx, se asoció con el organismo estatal de la ciudad de Nueva York Economic Development Corporation y otros socios para instalar energía solar de propiedad comunitaria en la Terminal del Ejército de Brooklyn. Proporcionará a 200 residentes de bajos ingresos electricidad menos costosa y más resiliente frente a las caídas en la red en el contexto del cambio climático. 

La organización comunitaria latinx UPROSE impulsó un proyecto solar comunitario para responder a la crisis climática y crear empleos verdes. Fuente: Groundswell.

Proyectos de energía de gestión comunitaria como este podrían ser reforzados por una nueva agencia federal propuesta por mis colegas Gar Alperovitz y Johanna Bozuwa. Han esbozado una propuesta para la creación de una Administración Comunitaria de Propiedad de Energía (COPA), similar a la Administración de Electrificación Rural del Presidente Franklin Roosevelt que llevó la energía eléctrica al 90% de las áreas rurales anteriormente desabastecidas. Una nueva COPA a nivel nacional podría desplegar financiamiento y creación de capacidades para construir servicios públicos de energía administrados por la comunidad.

Tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, está ganando impulso el compromiso con un sistema de energía renovable justo y controlado por la comunidad. En los últimos años, ha habido un aumento de las campañas de adquisición de servicios públicos, incluida la campaña Switched On London y la campaña #NationalizeGrid contra National Grid, una compañía británica con fines de lucro que opera tanto en Nueva Inglaterra como en el Reino Unido.

El Partido Laborista británico llevó esta visión más allá con su propuesta de adquisición total de los servicios de energía Big Six. Aunque los laboristas perdieron estrepitosamente las elecciones de 2019, en gran parte debido a Brexit, el problema no fue la impopularidad de otras políticas económicas clave como la propiedad pública. Por ejemplo, en una encuesta de 2017, el grupo de investigación liberal del Reino Unido, Legatum Institute, encontró que el 83% apoyaba la propiedad pública del agua y el 77% apoyaba la propiedad pública del gas y la electricidad.

Otro sector donde se necesitan empresas de próxima generación es el cuidado de la salud, particularmente el sector farmacéutico, donde los precios vertiginosos, la escasez recurrente, los problemas de seguridad posteriores a la comercialización y el aumento de la financiarización son resultados naturales de las empresas diseñadas para maximizar las ganancias.

Mi colega Dana Brown ha propuesto desarrollar un sector farmacéutico público para los Estados Unidos, como un enfoque sistémico que reemplace la necesidad de reformas poco sistemáticas que luego podrían ser rescindidas. Dicho diseño incluiría un instituto nacional de investigación y desarrollo público (I + D) que desarrolle medicamentos esenciales; fabricantes públicos estatales y locales; y distribuidores mayoristas públicos regionales. Las ganancias se devolverían a los balances públicos, y podrían invertirse en determinantes sociales de la salud, como el desarrollo económico local.

La idea de una "opción pública" en la industria farmacéutica ha sido respaldada por los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders. Y en el Reino Unido, la propuesta del Partido Laborista "Medicamentos para la Mayoría" exigía la anulación de las patentes cuando fuera necesario para la salud pública y para la fabricación de medicamentos de propiedad pública a gran escala. (Es cierto que esta no es una política que tendrá éxito en el gobierno de Boris Johnson).

Además de las estrategias sectoriales, se pueden promover empresas de próxima generación modelo por modelo, como con la propiedad de los empleados, la que está más madura para aplicar en escala. En Italia, por ejemplo, los trabajadores cuyos lugares de trabajo están siendo cerrados tienen el derecho prioritario de unirse a sus compañeros de trabajo y adquirir la empresa, de conformidad con la Ley Marcora. El Partido Laborista ha propuesto un derecho similar en el Reino Unido, y Bernie Sanders hizo lo propio en los Estados Unidos. A medida que la generación del baby boom alcance la edad de jubilación, 2,34 millones de firmas propiedad de empresarios de esa generación entrarán al mercado estadounidense en los próximos 10 años, un evento que se llama el "tsunami de plata". Si se pueden vender más de estas empresas a los trabajadores, se podría modificar la curva de la historia, ayudando a crear una gran revolución democrática de la propiedad.

También se necesitarán nuevos tipos de modelos que aún no existen, particularmente en el sector de la tecnología. Existe un movimiento a favor de las cooperativas de plataformas propiedad de los trabajadores, como alternativas a las empresas de alta tecnología propiedad de multimillonarios. Un ex ejecutivo de Microsoft sugirió un modelo de "capital de usuario final", en el que los usuarios obtienen capital en empresas como Facebook, ya que los datos de los usuarios agregan valor. Una start-up llamada Driver’s Seat ayuda a los conductores de viajes en automóvil a agregar y capturar el valor de sus datos, en lugar de que lo extraigan empresas como Uber.

La Ley de Capitalismo Responsable de Elizabeth Warren ha propuesto un enfoque completo para crear un nuevo modelo de empresa responsable, que requeriría que las empresas estadounidenses con ingresos de más de 1.000 millones de dólares obtengan nuevos estatutos federales (en la actualidad, las empresas están autorizadas a nivel estatal), con deberes fiduciarios más amplios, creando un nuevo mandato para servir no sólo a los accionistas sino también a los empleados y la comunidad. La legislación también propone reservar a los empleados el 40% de los puestos en la junta directiva.

Podemos actuar de manera oportunista, como con PG&E o rescates bancarios, aprovechando las quiebras y las crisis para alentar a las empresas a la propiedad pública o comunitaria permanente. Los sectores donde el argumento moral para la propiedad pública es fuerte, como la atención médica o el agua, pueden ser objeto de movilización. Los bancos pueden ser reconceptualizados poderosamente como servicios públicos, como en el movimiento ya creciente en Estados Unidos y el Reino Unido por más bancos municipales, estatales y cooperativos.

En estos enfoques variados podemos ver cómo se podría promover un nuevo paradigma de la empresa justa modelo por modelo, sector por sector, crisis por crisis. Al ayudar a que las empresas se vendan a los empleados, en lugar de ser absorbidas por los competidores, podemos comenzar a detener la cinta transportadora que contribuye al aumento del tamaño de las empresas. Del mismo modo, si las empresas se fraccionan por las políticas antimonopolio, las nuevas empresas podrían tener el mandato de convertirse en propiedad de los trabajadores.

Finalmente, llegará el día en que todas las grandes corporaciones deban estar sujetas a rediseño. Podemos sentar las bases para ese día a través de enfoques que promuevan la aceptación cultural, como la amplificación de las voces de los líderes empresariales progresistas en empresas exitosas que tengan una propiedad de base amplia y liderada por la misión, haciendo que el negocio sea un nuevo tipo de moral y justicia firma.

Fuente: https://www.project-equity.org/wp-content/uploads/2018/07/Project-Equity-National-Small-Business-Closure-Crisis.pdf

Seguir adelante

En todo esto, los movimientos sociales y ambientales tienen un importante papel que desempeñar. También son vitales los teóricos y los estudiosos del derecho, necesarios para avanzar en las teorías académicas de la empresa justa. La observación que hizo Franklin Roosevelt sugiere el tipo de marcos jurídicos necesarios: que la empresa privada "se ha convertido en una especie de gobierno privado, un poder en sí mismo".

Las grandes corporaciones en ningún sentido son privadas, como un hogar o una familia, ni son gobiernos democráticos, como ciudades, estados y naciones. Son una tercera entidad, una entidad con poder que nunca se ha democratizado y aún funciona con la cosmovisión arcaica y aristocrática donde los derechos de la riqueza prevalecen sobre otros derechos humanos. 

La palabra "corporación" no aparece en ninguna parte de la Constitución de los Estados Unidos. Las corporaciones no surgieron en la forma actual hasta la era industrial. Lo que preocupaba a los padres fundadores era proteger a las personas contra los abusos del rey.

Como observó el profesor de derecho de la Universidad de Hofstra, Daniel Greenwood, esa mentalidad condujo a una gran división en la ley entre lo público y lo privado: limitaciones al gobierno por un lado, protección de las libertades individuales por el otro. Cuando las corporaciones surgieron más tarde, se colocaron en el lado privado de esta división, haciéndose pasar por personas privadas, poseyendo libertades que requieren protección del gobierno que excede su alcance adecuado.

Cuando reconocemos que las gigantescas corporaciones son gobiernos privados está claro que las personas y nuestros órganos electos necesitan protección contra el alcance de estas entidades antidemocráticas, que deben reorganizarse adecuadamente por el interés público.

Reconceptualizar la empresa, rediseñarla, desplazar a la corporación tal como la conocemos es una tarea tan enorme como la eliminación de las emisiones de carbono, pero ambas son igualmente necesarias. La diferencia es que si bien el desafío climático es conceptualmente mucho más avanzado y ampliamente aceptado como esencial, la tarea de rediseñar la corporación apenas se reconoce y sigue siendo muy poco teorizada.

Si tal tarea parece imposible, podríamos recordar que la transformación fundamental es históricamente tan común como la hierba. Sólo hay un escenario futuro que es completamente imposible: la continuación del status quo.

La tarea comienza simplemente por ver: reconocer que el diseño de propiedad es importante, que se encuentra en la raíz de la actual crisis. Todavía no poseemos una claridad común de que los problemas de profundización no son accidentales o el resultado de una política, sino que son los resultados predecibles de la organización básica de la economía extractiva.

Lo que es peor, los progresistas no compartimos una visión económica alternativa positiva de lo que podría reemplazar al capitalismo, si no que nuestras mentes se obsesionan con la distopía. De hecho, es cierto que los apagones de California son sólo un indicio de lo que está por llegar si, durante la devastación que se avecina, las corporaciones gigantescas siguen teniendo el control con el único objetivo de generar ganancias a corto plazo. Es hora de comenzar juntos a imaginar el diseño de la empresa de la próxima generación.


Traducción: Nuria del Viso, Área Ecosocial de FUHEM
El presente artículo forma parte del informe Estado del poder 2020, cuya versión en español es editada en formato electrónico por Transnational Institute (TNI), Attac España y FUHEM Ecosocial. La versión íntegra del informe en inglés se puede encontrar en www.tni.org.

SOBRE EL AUTOR

Marjorie Kelly es investigadora superior y vicepresidenta ejecutiva de The Democracy Collaborative (TDC) y destacada teórica en "diseño empresarial de próxima generación". En el Instituto Tellus, Kelly cofundó la Corporación 20/20 para imaginar y defender diseños empresariales que integran objetivos sociales, ambientales y financieros. Kelly es coautora de The Making of a Democratic Economy (Berrett-Koehler Publishers), Owning Our Future: The Emerging Ownership Revolution (2012) y The Divine Right of Capital, que fue nombrado uno de los 10 mejores libros de negocios de Library Journal en 2001.

Marjorie Kelly

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